El costo de los datos fragmentados en energía y utilities es el precio operativo que paga una planta cuando su información de campo no se integra ni inspira confianza. Ese precio aparece como paradas no planificadas, pérdidas y sobrecosto de mantenimiento, casi nunca etiquetado como un problema de datos. Y hoy suma una consecuencia nueva: sin datos operativos integrados y confiables, la ola de inteligencia artificial en operaciones se queda en pilotos que no escalan. La causa de fondo es, en buena medida, interna. Por eso es medible.
En síntesis
- Los sistemas de datos operativos en energía nacieron separados: el control de procesos y la gestión de la medición evolucionaron por caminos distintos, y ninguno cubre toda la operación.
- Integrar la tecnología de operación (OT) con la de información (IT) mejora el desempeño, pero la barrera es tanto organizativa como técnica.
- Un dato de sensor de baja calidad se propaga: vuelve poco confiable cualquier pronóstico, alarma o decisión de mantenimiento que dependa de él.
- El costo se paga lejos de su origen —en paradas, pérdidas y mantenimiento— aunque la causa esté en un eslabón anterior, en cómo se captura y se comparte el dato.
- La IA en operaciones sube la apuesta: Gartner ubica la mala calidad de datos primera entre las causas por las que la mayoría de los proyectos de IA generativa no pasa del piloto.
- Como el origen es interno, es medible: un diagnóstico puede ubicar dónde se pierde la confiabilidad del dato antes de sumar tecnología.
La IA en operaciones necesita un dato que hoy está partido en dos
La inteligencia artificial en operaciones no falla primero por los modelos, sino por los datos que los alimentan. Un modelo hereda la calidad de esos datos: si la señal que sube de la planta llega incompleta o tarde, ningún modelo la recupera después.
Gartner estima que al menos la mitad de los proyectos de IA generativa se abandonan tras la prueba de concepto.
Y ubica la mala calidad de los datos primera en la lista de causas, junto con los controles de riesgo, los costos crecientes o un valor de negocio poco claro. Ese abandono llega tarde y resulta costoso: ocurre después de invertir en el piloto, cuando el problema de datos ya frenó la puesta en producción.
En el sector, esa conversación ya tiene nombre. La preparación de datos para IA, o data readiness, es tener el dato limpio, integrado y gobernado antes de usarlo. En utilities aparece hoy como el obstáculo principal para escalar la IA. Un informe de EPRI sobre preparación de datos en utilities, elaborado con operadores y consultoras del rubro, la define como una arquitectura capaz de entregar información limpia, estructurada y gobernada. Y la señala como fundamento para la resiliencia de la red, el pronóstico y el mantenimiento.
El mecanismo lo resume una revisión reciente sobre preparación de datos para IA: los datos de mala calidad producen modelos inexactos, que pueden derivar en usos incorrectos o inseguros. En una planta de energía, ese “uso inseguro” no es una abstracción. Es una decisión de despacho, de mantenimiento o de protección apoyada en una señal que no reflejaba el estado real del activo.
OT e IT nacieron separadas, y esa separación se paga en la planta
En una operación de energía la información no nace en un solo lugar. La tecnología de operación (OT) controla y monitorea la planta. La tecnología de información (IT) gestiona los datos de negocio. Ambas crecieron como redes aisladas y con prioridades opuestas.
Ese contraste está documentado en el propio sector. Un análisis de la integración OT/IT en utilities describe que las redes de OT priorizan la disponibilidad del proceso, mientras las de IT priorizan la confidencialidad de la información. Conciliar ambas prioridades, sin que la seguridad frene la operación ni al revés, es el desafío central de integrarlas.
La fragmentación también es de plataformas. En la red eléctrica, el sistema que supervisa y controla los procesos —SCADA— y la infraestructura de medición evolucionaron como plataformas separadas y complementarias. Como muestra un estudio sobre la convergencia de redes de baja tensión hacia la red inteligente, ninguna de las dos abarca todos los segmentos de la red. Entre una y otra quedan zonas sin cubrir, y el dato operativo termina repartido entre sistemas que no fueron pensados para conversar.
Cerrar esa brecha genera retorno. Una revisión de literatura sobre integración de IT y OT en activos físicos concluye que la convergencia mejora el desempeño y reduce costos. La misma revisión advierte que debe ser un proceso ordenado, analizado previamente y con un plan de acción concreto para evitar sobrecostos. Los ciclos de vida de IT y OT son distintos: uno se renueva en años, el otro convive con equipos de décadas. Esa diferencia agrega una complejidad que hay que gestionar de forma explícita.
La barrera de integración es tanto organizativa como técnica
La parte más difícil de integrar OT e IT está en la organización, más que en la tecnología. De ella depende que integrarlas devuelva confiabilidad a la planta, o quede en un proyecto a medias.
Esa misma revisión sobre integración de IT y OT encontró que solo alrededor de un tercio de la investigación del campo incorpora los aspectos organizativos. El grueso se concentra en lo técnico. La dimensión que decide el resultado —quién manda, quién responde, cómo trabajan juntos dos equipos con culturas distintas— es la menos atendida.
En la práctica, esa dimensión se traduce en decisiones concretas. Es la definición de “parada” que operaciones y finanzas no comparten.
Es el dato de un activo que nadie es claramente dueño de mantener.
Es el equipo de OT y el de IT coordinando sobre sistemas que cada uno gestiona por su lado. Ninguno de esos problemas se resuelve comprando una plataforma. Se resuelven decidiendo responsabilidades.
Un sensor poco confiable vuelve inútil cualquier modelo que dependa de él
Aún integrado, un dato operativo solo sirve si es confiable. La calidad es la segunda capa del problema, y opera aunque los sistemas ya se hablen entre sí.
Los sistemas ciberfísicos e IoT son los sensores y equipos conectados que miden y controlan la planta. Una revisión sistemática de la calidad de datos en esos sistemas establece el punto con claridad: la calidad del dato es crucial para decidir. Y se deteriora por fallas de sensores o por entornos operativos inciertos. La señal que llega al tablero no siempre es la señal que ocurrió en el activo.
En el marco fundacional de Wang y Strong, la calidad de datos se define por su adecuación al uso, más que por el volumen. Es el concepto de fitness for use: un dato vale si permite decidir. Y no es un problema resuelto: un trabajo reciente sobre las dimensiones de la calidad de datos confirma que sus fallas siguen siendo muy costosas para las empresas.
El efecto es silencioso. Un sensor descalibrado o una marca de tiempo corrida no se ven en un tablero, pero desplazan cada pronóstico y cada alarma que se apoyan en esa señal. El modelo de mantenimiento predictivo más sofisticado hereda el error del peor de sus sensores.
Por eso el costo de los datos fragmentados aparece lejos de su origen
Un dato que se degrada en el sensor, o que se pierde entre OT e IT, termina pagándose lejos de donde se originó. La venta de energía no despachada, la parada que sorprende, el mantenimiento tardío o excesivo: cada uno se registra en su propio renglón. Y en ninguno figura la señal defectuosa que lo originó.
La detección de una falla se retrasa porque la señal llegó tarde o incompleta. El plan de mantenimiento se arma sobre un historial de activos disperso entre sistemas. La pérdida se ve en la planta, aunque su causa esté varios pasos atrás, en cómo se capturó y se compartió el dato. El síntoma y el origen viven en lugares distintos de la operación.
Que el origen sea interno cambia la naturaleza del problema. Lo que nace en la propia operación —en cómo se integra, se mide y se gobierna el dato— se puede diagnosticar y priorizar. Un marco de gobierno de datos aplicado en el sector energético parte de esa premisa.
El gobierno del dato es una responsabilidad compartida entre todas las áreas de negocio.
Y tratar el dato como activo estratégico mejora la calidad de las decisiones. El trabajo, entonces, es ubicar en qué eslabón —sensor, sistema, traspaso entre OT e IT— la confiabilidad del dato se pierde primero.
En energía, la confiabilidad de la planta es un problema de datos antes que de activos
Durante años, la confiabilidad se gestionó como un problema de equipos: más mantenimiento, más repuestos, más inspección. La evidencia mueve el punto de partida al origen, al dato que dispara cada una de esas decisiones. Evitar una parada de planta empieza por una señal confiable, mucho antes que por una llave inglesa.
Si sabes dónde tu dato operativo se fragmenta o se degrada, resuelves la causa de la próxima parada antes de que ocurra. Dejas de reaccionar cuando el activo ya falló. El mantenimiento se prioriza por la confiabilidad que devuelve, antes que por la urgencia de la última falla. Y a medida que la inteligencia artificial se integra a la operación, esa capacidad deja de ser una mejora de eficiencia. Tener el dato integrado y confiable se vuelve la condición de entrada. La planta que no la tenga no correrá IA sobre su operación; correrá pilotos que no escalan.
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Preguntas frecuentes
Se paga como paradas no planificadas, pérdidas y sobrecosto de mantenimiento. El dato operativo repartido entre sistemas que no conversan retrasa la detección de fallas y distorsiona la planificación. El costo rara vez se etiqueta como problema de datos, porque aparece lejos de su origen, en otro punto de la operación.
Porque su parte más difícil es organizativa. La tecnología de operación y la de información nacieron aisladas y con prioridades opuestas. Una revisión del campo halló que solo cerca de un tercio de la investigación aborda los aspectos organizativos: quién es dueño del dato, cómo se coordinan los equipos, qué definiciones se comparten. Eso lo decide la dirección.
La calidad de datos es crucial para decidir y se deteriora por fallas de sensores o entornos inciertos. Un sensor descalibrado o una marca de tiempo corrida no se ven en el tablero, pero desplazan cada pronóstico, alarma o decisión de mantenimiento que dependa de esa señal. El modelo hereda el error de su peor sensor.
No existe una cifra revisada por pares que aísle limpiamente ese costo, y las que circulan son estimaciones de industria. Lo que la evidencia sí sostiene es el mecanismo: un dato fragmentado o de baja calidad retrasa la detección y sesga el mantenimiento. El costo emerge como parada o sobrecosto, lejos de su causa.
Porque un modelo hereda la calidad de los datos que lo alimentan. Gartner ubica la mala calidad de datos primera entre las causas del abandono de proyectos de IA generativa, y en utilities la preparación de datos figura como el principal obstáculo para escalar IA. Sin dato integrado y confiable, la IA en operaciones no pasa del piloto.
La evidencia revisada por pares sostiene el mecanismo: fragmentación OT/IT, baja calidad de datos de sensores y su efecto sobre las decisiones. Las magnitudes de costo del downtime o del abandono de proyectos de IA provienen de estimaciones de industria —Gartner, EPRI— y se presentan como tales, atribuidas y separadas de la evidencia académica.
- EPRI. (2025). AI Readiness in Utilities: Turning Data into Strategic Advantage. Electric Power Research Institute. https://eprijournal.com/why-data-readiness-is-one-of-utilities-most-urgent-ai-challenges/
- Garimella, P. K. (2018). IT-OT Integration Challenges in Utilities. En 2018 IEEE 3rd International Conference on Computing, Communication and Security (ICCCS) (pp. 199–204). IEEE. https://doi.org/10.1109/CCCS.2018.8586807
- Gartner. (2024, 29 de julio). Gartner Predicts 30% of Generative AI Projects Will Be Abandoned After Proof of Concept By End of 2025 \[comunicado de prensa]. https://www.gartner.com/en/newsroom/press-releases/2024-07-29-gartner-predicts-30-percent-of-generative-ai-projects-will-be-abandoned-after-proof-of-concept-by-end-of-2025
- Gartner. (2026). GenAI project failure: avoid these common mistakes. https://www.gartner.com/en/articles/genai-project-failure
- Goknil, A., Nguyen, P., Sen, S., Politaki, D., Niavis, H., Pedersen, K. J., Suyuthi, A., Anand, A., & Ziegenbein, A. (2023). A Systematic Review of Data Quality in CPS and IoT for Industry 4.0. ACM Computing Surveys, 55(14s), 1–38. https://doi.org/10.1145/3593043
- Gomes, R. C. S., Costa, C. E. F. da, Silva, J. R., & Sicchar, J. R. (2019). SmartLVGrid Platform—Convergence of Legacy Low-Voltage Circuits toward the Smart Grid Paradigm. Energies, 12(13), 2590. https://doi.org/10.3390/en12132590
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- Hiniduma, K., Byna, S., & Bez, J. L. (2025). Data Readiness for AI: A 360-Degree Survey. ACM Computing Surveys, 57(9), Article 219, 1–39. https://doi.org/10.1145/3722214
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- Wang, R. Y., & Strong, D. M. (1996). Beyond accuracy: What data quality means to data consumers. Journal of Management Information Systems, 12(4), 5–33. https://doi.org/10.1080/07421222.1996.11518099
En este artículo
- La IA en operaciones necesita un dato que hoy está partido en dos
- OT e IT nacieron separadas, y esa separación se paga en la planta
- La barrera de integración es tanto organizativa como técnica
- Un sensor poco confiable vuelve inútil cualquier modelo que dependa de él
- Por eso el costo de los datos fragmentados aparece lejos de su origen
- En energía, la confiabilidad de la planta es un problema de datos antes que de activos
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